viernes, 30 de noviembre de 2007

Zegarra puede hacerte reir en un velorio

Conozco una persona en el mundo capaz de hacerte reir en un velorio. Su nombre es Roberto Zegarra. Puedo jactarme de ser su amigo. Estuve el tiempo suficiente trabajando junto a él para saber que la pena no está dentro de su vocabulario. Hombre alegre y de trato amable, siempre tiene un chiste para cada ocasión. Y lo más importante, tiene el don de saber contarlo.

Nunca se jactó de sus años de experiencia ante un mozalbete como yo. Todo lo contrario, me ayudó y hasta la fecha lo hace. Siempre en los entrenamientos, persona que no conozco, él funge de lazo para presentármelo. Y yo no le pido eso. Es raro ver esa actitud en algunos periodistas rankeados que miran a los nuevos con el rabo del ojo. Algunos temerán ser reemplazados, pero ello es poco probable de suceder.

Eso me llamó mucho la atención de Zegarrita. Hasta la fecha me gustaría devolverle un almuerzo o invitarle un jugo donde Norma y July. Junto a Dante Mateo hacen una dupla jocosa. Ambos saben 'batir' a la gente. Ese tipo de personas son las que siempre tengo en la mente. Seguramente busco remedar lo bueno de ellas. A veces me siento identificado.

Recuerdo que estábamos en la boda del buen Toñito Tamariz y me senté a la diestra del gran Zegarrita. Todo la noche me reí porque desfilaban sus ocurrencias una por una. Mi algarabía trataba de contenerla, pero no pude. Su meta era amenizar el ambiente. "Está muy serio este matrimonio", me dijo a modo de excusa. Este hombre natural de Amazonas no puede estar sin ver una sonrisa en sus semejantes.

martes, 23 de octubre de 2007

El perreo sandunguero sirve de galanteo

¿Qué baile no es sensual o funja de cortejo para atraer a la especie del otro género? Tenía una amigo muy tímido para conversar con las mujeres pero un día se dio cuenta que tenía el don del ritmo plagado en cada célula de su ser. No es que simplemente supiera moverse. Tal empírico danzante era capaz de remedar pasos de hip hop tan solo viéndolos por televisión. Al notar esto, no se convirtió en un exhibicionista. Todo lo contrario, prefirió mantener el perfil bajo. Y es que en cualquier fiesta siempre ejecutaba movimientos torpes, debido al favor de verse al costado de una chica. Y lo peculiar de él era su falta de palabra. Era un ente parco.

Una noche, en una fiesta, una fémina muy atractiva yacía en un rincón sola. Temía la burla de los demás concurrrentes por sus descordinaciones. Prácticamente tenía dos pies izquierdos la pobre y pasaba desapercibida en la velada llevada a cabo en casa de Miguel Chechenia. Sus amigas la habían dejado por dedicarse a libar con sus respectivas conquistas.

Mi compadre la vio y se acercó a conversar con ella. La bulla era tal que ni sus ángeles de la guarda escucharon el cruce de palabras. Pero la química surgió tan rápido como si expusieramos un combustible al fuego. Era evidente que ambos pasaban un buen momento. Era raro ver en él mantener la serenidad al costado de Lucía. No le temblaba el rostro y le sudaban las manos.

Gracias a los pegajosos temas escogidos por el programador musical de esa noche, el protagonista de este texto, Joaquín, le cogió la mano y la jaló al centro de la sala. Habían platicado más de una hora. La chica no se opuso y empezó a menearse con él. Tal dama de mirada escurridiza, cabellos negros y sonrisa escueta sorprendió a tirios y troyanos cuando empezó a lidiar contra la zona pélvica de su pareja de baile.

El otro mandó al diablo su nerviosismo y empezó a sacar lustre al parquet. Muchas piezas después, el galán de turno buscó los labios de su compañera de baile. El instinto se despertó en él y no era conciente de ello. Al abrir sus ojos se topó con la espalda de ella, la cual subía y bajaba de forma serpenteante. Como buen caballero, controló sus manos pero la chica las tomaba para repasar algunas partes de su cuerpo, palpables a la vista por supuesto.

Después de cinco horas, el cortejo quedó atrás y los besos abundaron esa noche para Joaquín. Tiempo después formalizaron y ambos conforman una linda pareja. Lamentablemente afrontan otra realidad. Después de un año y medio de relación, Lucía confesó tener cáncer. La vida se le acababa y pronto dejaría este mundo. No todo en esta vida es maravillloso.

jueves, 18 de octubre de 2007

Un mal uso del celular

Es feo un teléfono celular tiradedo. Odio los aparatos soplones. Si te compran uno es para ayudarte en tu vida diaria, no para estar marcándote como rastreador donde te encuentras. Hacen mal aquellos padres al obsequiar estos bienes tangibles a sus hijas. Para su custodia, mejor son los grilletes electrónicos. Ahora, una criatura puede lanzar una pequeña mentirilla para despistar y engañar al viejo. Ahí entra el sexto sentido de la madre. Ella lo sabe todo. Conoce las costumbres de sus retoños. No por algo salieron de su ovario. Además, siempre la verdad sale a la luz.

Peor aún son esas personas obsesivas a cuyas parejas están reventándole a timbrazos el artificio este y todavía se molestan cuando no son atendidos. Si tuviera un amigo así, le preguntaría: "¿Para eso le compras celular? ¿Desconfías de ella? Ojalá que te esté sacando la vuelta, para que no te responda y se gaste tu saldo".

Este engreído de Claro y Telefónica es vital para estos momentos de nuestra vida. Pero si son usados para hacer pelear a la gente, prefiero ver a las personas con chip. Ahora, si eres capaz de quitarte una de esas microscópicas invenciones de tu cuerpo, está de más que hayas leído este humilde comentario.