lunes 2 de febrero de 2009

Diez años de la partida de Augusto Ferrando

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El pasado domingo 01 de febrero, el conocido conductor de 'Trampolín a la Fama', Augusto Ferrando cumplió 10 años en haber partido de este mundo terrenal. Al día siguiente me di un salto a El Ángel, donde reposan sus restos y me llamó mucho la atención no ver flores naturales en su tumba.

Llegué antes de las 10 de la mañana y estuve hasta las once y tanto. Después de mirarlo detenidamente vi que en su misma lápida estaba el nombre de su amada prima-esposa. Una macetita se interponía entre mi persona y la estructura de mármol ubicada en medio de la berma. Las abejas no revoloteaban sobre sus flores. Me arrodillé y descubrí que aquellas rosas y margaritas eran de plástico. ¿Quién le habría dejado tal regalo?, me pregunté. No había ningún guardián de la cripta.

Caminando fuera del pabellón de San Bartolomé, me topé con Quintillano Briones, encargado de la preservación de las lápidas. Me identifiqué. "Señor, buenas tardes, soy periodista", le dije. No supo darme referencias si alguien visitó un día antes la tumba del ex narrador de carreras de caballos, pero sí hizo hincapié en que su hijo, Juan Carlos Ferrando, lo frecuentaba de vez en cuando.

Le pedí que me acompañe hasta la lápida no sé por qué. Capaz el hecho de no haberme topado con mortal alguno en un cementerio hizo que mi mente me exija estar acompañado de alguien. Algo raro porque no era la primera vez que iba al Ángel. Hubiera mas bien aprovechado mi tiempo para visitar a mi bisabuela Fílida.

Entonces Briones me contó cómo fue el entierro. Un moreno pasaba su segunda mano de pintura a los nichos cercanos y dijo que ese día casi le roban a Pepe Vásquez. "Vino con joyas a Barrios Altos. No puede hacer eso", recordó tras develar una gran sonrisa. Superada la interrupción, mi anfitrión recordó que hubo muchísima gente. Muy amable el tipo, su fuerte no era la descripción. Tras su intervención le agradecí su tiempo.

Volví a ponerme delante de Ferrando. Sus bordes estaban decorados con varias plantitas blancas. Me seguía llamando la atención la falta de flores. Encima, el ver una maceta con flora falsa me hizo pensar en muchas cosas. Capaz era de alguien humilde que las tenía en casa y se las dejó al 'Negro'. Otra opción podría ser que eran más baratas y duraderas que las naturales y por eso terminaron como ofrenda ahí.

En fin, consulté con otro hombre que regaba unas flores secas. Don Lucho se llamaba. Pero una señora buscaba a su hermana, en realidad la tumba de su hermana. La edad de la anciana le jugó una mala pasada. La ayudé a bajar unas gradas y se fue tras él. Me ganaba la hora porque tenía que ir al trabajo y dejé el camposanto para tomar mi carro.

Pasaron 10 años desde la muerte de Ferrando y no leí en ningún medio siquiera una nota para llenar espacio al respecto. Ni Panamericana Televisión pasó imágenes del recuerdo. En paz y en el olvido descansa el hincha de Santorín.


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